Vuelvo al lugar donde nos conocimos como si buscara algo, una fragancia tuya olvidada en algún rincón de mis calles, del suelo donde empiezo a recoger mis pasos, donde apareces en la bocanada triste colmada de estrellas que empiezo a odiar. Porque no estas y apareces como una costumbre cuando muevo mis labios como si estuviera rezando una plegaria de Luz Carime, de impulsadora, besándome en los espejos redondos, imaginando que esos otros labios también son los tuyos y volverás detrás de mí, para volver a ser el animal que te gusta, aquella pantera que camina siguiloso en tu cuerpo desnudo, oliendo esa búsqueda incansable de brotar mariposas en tu vientre. La pileta que construyes con mis sentidos cuando agarro tu ausencia. Y sacarte a bailar alrededor de los postes, para seguir haciéndote el amor con cada detalle de las sombras que me enloquecian.
¿Cuándo nos volvemos a sentar en la misma banca donde tuve unas ganas irremediables de besarte, seguido de un miedo que se clausuraba el frío que tenias, para hablar del principio del cielo y acomodar las nubes hasta convertirlas en nuestra cama?
Las ganas de abrazarte quiebran mis brazos. Luz Carime, ¿por qué llegaste cuando mi vida estaba tranquila para desesperarla de ti? Mi alma no es la misma si no te veo, sino recibo un breve mensaje tuyo, tu voz en el móvil, la manera de reconstruirme cuando ríes y cuando te sorprendes cuando te desnudo de pronto, con la luz apagada, como un fantasma. Y volver a recordar cuando apareciste en aquel Vivanda, donde hace dos segundos me convertí en ser humano, un mercaderista despistado, colérico, amante como se lo dices a tus amigas.
Hay Luz Carime, me quedo sin aire y mi mundo es tuyo, aquel donde los postes buscan trovadores para crear eclipses con nuestros cantos, como los parques donde habia una vez un hombre que te miraba con la lengua sobre la guitarra y te cantó una canción, esta presisamente, Bar de Ricardo Arjona, seguido de un beso que te hizo llorar.
Tuyo, siempre.
Marvin
P.d.: Ahora solo busco tu número telefónico, porque tengo dos entradas al cine y no quiero volver a estar sin ti. Para amarte hasta decir suficiente, encima de tu cuerpo.
Ora conmigo esta canción:
¿Cuándo nos volvemos a sentar en la misma banca donde tuve unas ganas irremediables de besarte, seguido de un miedo que se clausuraba el frío que tenias, para hablar del principio del cielo y acomodar las nubes hasta convertirlas en nuestra cama?
Las ganas de abrazarte quiebran mis brazos. Luz Carime, ¿por qué llegaste cuando mi vida estaba tranquila para desesperarla de ti? Mi alma no es la misma si no te veo, sino recibo un breve mensaje tuyo, tu voz en el móvil, la manera de reconstruirme cuando ríes y cuando te sorprendes cuando te desnudo de pronto, con la luz apagada, como un fantasma. Y volver a recordar cuando apareciste en aquel Vivanda, donde hace dos segundos me convertí en ser humano, un mercaderista despistado, colérico, amante como se lo dices a tus amigas.
Hay Luz Carime, me quedo sin aire y mi mundo es tuyo, aquel donde los postes buscan trovadores para crear eclipses con nuestros cantos, como los parques donde habia una vez un hombre que te miraba con la lengua sobre la guitarra y te cantó una canción, esta presisamente, Bar de Ricardo Arjona, seguido de un beso que te hizo llorar.
Tuyo, siempre.
Marvin
P.d.: Ahora solo busco tu número telefónico, porque tengo dos entradas al cine y no quiero volver a estar sin ti. Para amarte hasta decir suficiente, encima de tu cuerpo.
Ora conmigo esta canción:
0 comentarios